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De quien quiero hablar es de Nil Lara

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Miami en los noventa, mi Miami: el College de la 27 y el North Campus. Tamargo en Radio Mambí y Andrés Reynaldo en El Nuevo Herald. Noches de viernes en La Covacha y domingos en Monty Trainers. Lecturas de Reinaldo Arenas y Carlos Victoria. Enamorarse con Dolores O’Riordan. Marchar con las hormigas de Dave Mathews. Ramón Saúl Sánchez y las flotillas. Basulto y Hermanos al Rescate. Homenaje a Octavio Paz en el Wolfson Campus. Juan Abreu en el Diario de las Américas. Tu Miami Blog Spot. El semanario Éxitos. Mas Canosa y la Fundación. Pérez Roura y su intransigencia. El proyecto Varela. El otro Varela, el de las caricaturas. La Patria es de Todos. Generación Ñ y los YUCAS. León Ichaso y Azúcar amarga. Los beepers y las “beeperías”. ¡AQUÍ LO QUE IMPORTA ES EL CASH! Chirino y La jinetera (porque lo que venía llegando sigue sin llegar). Monseñor Román. Un abrazo a Chanes de Armas en la Calle Ocho. Rentería y su hit de oro. No Castro, no problem. En los 90 Fidel revienta. Concilio Cubano. Eliancito que vino a joderlo todo.

Pero de quien quiero hablar es de Nil Lara.

Noche de Sábado, 1994. Entro a Specs y descubro su disco: My first child. En la portada Lara le canta a una mujer embarazada y a la criatura que crece en su vientre. El disco está en una de las estaciones donde se escuchan las novedades musicales. Me pongo los audifonos y afino los oídos: rock, blues, trova tradicional, desgarramiento, desamor, nostalgia, cantos afrocubanos, tambores batá, abalorios, familia, hogar, amistad, tres cubano, cuatro venezolano, electric riffs, infancia, chocolate, café, ternura, rabia, más ternura, lullaby.

¿De dónde salió este tipo?

¿Nil Lara?

Esto fue lo que averigüé entonces:

“Nació en New Jersey y pasó su infancia en Venezuela. A los 17 años vino a vivir a Miami. Estudió Ingeniería Electrónica en UM y fue maestro en la New World School of the Arts. Es hijo de padres cubanos”.

Compré el disco y durante un mes fue lo único que escuché; o sea, durante un mes la música de Nil Lara me ayudó a vivir, porque cuando cuando estás recién llegado de Cuba, sin familia y con pocos amigos, nada te reconforta más que un montón de canciones que hablan de la libertad, el hogar y la felicidad de ser padre. Es cierto que su rock no estaba exento de la angustia grunge de los 90, pero tal vez porque el cantante vivía en el sur de la Florida y no en Seattle, su sonido tenía esa calidad luminosa que nace de la conjunción del mar y el sol miamenses.

En My first child encontré, sobre todo, una representación musical de la sensibilidad cubanoamericana como no la había conocido hasta entonces. Nada de ese neocostumbrismo que suscribe lo cubanomiamense a una caricatura de sus hábitos culinarios y sus giros lingüísticos. Lara sonaba cubiche porque no se esforzaba en parecerlo; porque su música, siendo muy gringa, asimilaba la influencia latina con la misma naturalidad que lo había hecho el jazz con los ritmos afrocubanos y brasileños.

“Este tipo está fuera de serie”, le comentaba a mis amigos, pensando que solo sería cuestión de tiempo para que el cantante trascendiera el ámbito miamense y se convirtiera en una figura reconocida en todo los Estados Unidos. “Este muchacho no tiene nada que envidiarle a Dave Mathews o a los Counting Crows, y cuidao’...”.

En 1996 el cantante sacó un nuevo disco, Nil Lara, bajo el sello Metro Blue/Capital Records. El tema que abría el disco se titulaba Money Makes the Monkey Dance y su letra era una declaración de principios en la que defendía su independencia creativa y su integridad como artista. “Aunque mis bolsillo tienen un hueco”, declaraba Lara, “me siento contento dentro de mi alma”.

Pasó el tiempo y sin darme cuenta perdí a Nil Lara de mi radar musical. No fue hasta hace poco que reconecté con el cantante a través de las redes sociales. Para mi satisfacción, las fotos de su página de FB reflejan el mismo mundo afectivo al que le cantaba en su primer disco: familia, hogar, amistad, ternura. Tal vez Lara no se convirtió en una figura reconocida en todo los Estados Unidos, pero no importa. Ahí está el hombre, el artista, viviendo una “vida más simple”, que es el título de una de sus canciones más hermosas. A eso lo llamo yo “tener coherencia” y “ser fiel a sí mismo". Good for him!



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